lunes, 4 de septiembre de 2017

Todas las primeras veces que tengo pendientes.

Que lo siento, joder. Lo siento por no saber demostrar tanto como siento, porque a veces tanto con palabras no se expresa, y yo no sé cómo expresarlo, siendo que ni yo misma entiendo mi lenguaje, cómo voy a traducirlo para que me entiendas con la mirada. Pero te prometo que cuento nuestra historia como si contara mi vida y te digo que suena a película. Si es que besaría hasta el olor que dejas cuando te vas o cada parte de lo que callas, y me enamoraría de todo lo que odias y tanto me gusta, e incluso descubriría rincones de tu cuerpo, llegaría hasta donde nadie más ha llegado y te daría hasta mi último aliento a base de gritos ahogados en tu cuello que solo tú y yo entendemos. 

Te prometo que abrazaría tu espalda, contaría todas tus pecas, viajaría a la Luna o a tus lunares solo por volver a estar a una distancia más que mínima de ti, porque me sobran las ganas y me falta el tiempo para quererte. Y no sé cómo te quiero, pero no sé tampoco hacerlo de otra forma porque me has enseñado a hacerlo así y no quiero saber, ni siquiera intentar, cualquier otra forma posible. Pese a no haber sido esta forma la más sana, pero sí la que más me llena. 

También te daría todas las primeras veces que tengo pendientes. Fui consciente por primera vez contigo de que medir lo que quieres es no querer nada, que vallar tus sentimientos es limitarte, que el amor no solo se hace. Tú fuiste el primero que me declaró sin apenas darte cuenta que tras haberme visto guerrear o haciendo el amor no sabías cuándo te gustaba más: cuando me proclamaba mujer luchadora o diosa. También fuiste el primero que me dejó sin palabras, que me regaló su tiempo a cambio de nada, que tiró todas las piezas de lo que era haciendo de mí el más puro efecto dominó siendo siempre la ficha de delante para que, al caer, no me lastimara. Eres el primero que me ha enseñado que la palabra amor no tiene un solo significado y que en el apartado de sinónimos está escrito el término libertad. Porque me enseñaste a amar y a amarme, y jamás me sentí tan libre como cuando uní ambos conceptos complementándome contigo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario